Nota: Esta carta la escribí en mi diario el 22 de marzo de 2026, a eso de las 11 p.m., justo antes de cumplir 30 años.

Foto cuando tenía 6 años, en el grado de preescolar del Jardín Infantil Picardías, en Cruces una la localidad en Municipio de Obando, Valle del Cauca, Colombia.

Hola, Sebas.

Sé que no estás del todo bien. Sé que tienes muchas preguntas y que en ocasiones te sientes profundamente solo. Por eso hoy estoy aquí: soy tu yo adulto, escribiéndote justo antes de cumplir los 30 años, para dejarte una carta de aliento.

Mientras escribo estas líneas tengo lágrimas en los ojos. Tengo nostalgia. Quisiera abrazarte y decirte cuánto te amo, cuánto me amo, y sobre todo darte calma y decirte que todo va a estar bien. Pero no puedo hacerlo de otra forma, así que te abrazo con estas palabras.

Quiero felicitarte por ser un niño tan fuerte. Sé que ahora no te sientes así, pero lo eres, mucho de hecho. Me siento muy orgulloso de ti.

Crecer no ha sido fácil, y no te será fácil. Pero lo harás. Serás un hombre disciplinado, curioso, dulce, bondadoso, inteligente e independiente. También serás terco, solitario y cargarás contigo muchas crisis existenciales. Todo eso serás, y mucho más: alguien imperfecto, grandiosamente imperfecto.

Todas las preguntas que haces son válidas. Te tomarás tiempo en encontrar las respuestas, y está bien. Pero te adelanto una: sí eres especial. La gente que te ha hecho daño por tu fragilidad, por tus gustos «diferentes» y por tus expresiones fuera de la norma, lo hace porque ignora y teme lo que eres.

Sebas, eres un hombre homosexual. Y lamentablemente, esta sociedad te juzgará por ello. Pero tu orientación sexual no es una carga ni una condena: es simplemente una parte de quién eres, de quién somos. Y merece el mismo amor y la misma dignidad que cualquier otra parte de ti.

Aunque hoy me he encargado de sanar lo que más he podido, hay heridas que son para siempre. Llegaron no para destruirte, sino para hacerte consciente, resiliente, crítico e inconforme con lo establecido.

Cómo quisiera haber estado contigo en esos momentos. Hoy tengo la fuerza y la determinación para protegerte, para cuidarte. Pero sé que esa fuerza me la diste tú. Gracias por haber sido tan sabio en tantos momentos difíciles, en aquellos donde te violentaron física, psicológica, simbólica y socialmente. Eres un niño muy valiente.

Quiero contarte que vamos a llegar a los 30 años apostándolo todo por nuestros sueños. Me he hecho cargo de que mis sueños sean metas y mis metas, realidades.

Te cuento que soy Trabajador Social, una profesión que no conocerás sino hasta los 17 años, pero que se convertirá en algo estructural en nuestro proyecto de vida. Sí, vas a estudiar en la universidad. Ese sueño sí se cumple. Hoy vivo de mi profesión, trabajando de forma independiente, sin estar vinculado a una empresa, encendiendo nuestra propia llama. Es difícil, muy difícil, pero al mismo tiempo siento una adrenalina que me impulsa y me llena de energía. Hay incertidumbre, sí, pero sé que lo voy a lograr. Al fin y al cabo, siempre lo hemos logrado. Eso es algo bueno de nuestra terquedad.

De todas las personas que te rodean, confía plenamente en mamá. Ella nos ama mucho, realmente nos ama mucho. Es una mujer maravillosa. Sé que en ocasiones va a parecer que no te comprende, que es igual que los demás. Pero entiende que ella, al igual que tú, está tratando de salir a flote. Ella también es una víctima de un sistema que se aprovecha de lo vulnerable. Pero llegará el momento en que dejará de ser oprimida, y entonces te impulsará tanto que te sentirás volar. Así que ámala y confía en ella y en su proceso.

Cuando tengas 11 años va a llegar a tu vida, a nuestra vida, tu hermana. Una niña a quien vas a amar profundamente y que se convertirá en tu compañía, ella llenará parte de tu soledad. Serás su hermano mayor, ese hermano mayor que necesitaste como apoyo y que nunca tuviste. El rol no siempre será fácil, pero ella te hará más valiente. Ámala. Ella también te ama.

Sebas, parte de escribirte esta carta es también pedirte perdón. Ha habido momentos en que he estado a punto de no seguir, en que los obstáculos me han superado, en que he fallado. Pero acá estoy. Siempre hemos logrado continuar, y eso dice mucho de los dos.

El mundo está muy loco. Aun así, he aprendido a confiar en lo que puedo hacer y a encontrar propósito incluso en los tropiezos. Le estoy dando sentido a la vida, y eso es lo que más me importa.

Sigo siendo una persona solitaria, no te voy a mentir. Pero a pesar de eso he construido unos cuantos vínculos genuinos, he conseguido amigos de verdad, pocos, pero buenos. Y en el amor sentimental, llegamos a los 30 sin haberme enamorado. Tal vez ese capítulo todavía está por escribirse, y estoy en paz con eso.

En todo caso, querido Sebas, solo quería escribirte estas palabras aquí en mi diario para decirte que llegamos a los 30 años. No ha sido un camino fácil y creo que nunca lo será, pero lo bueno de eso es que ya no soy ese niño vulnerable. Ya me sé cuidar. Tu fuerza se multiplicó por mil, y aunque no me siento invencible, sí me siento confiado de mi potencial.

Te amo, Sebas. Gracias por permitirme llegar aquí. ¡Feliz vuelta al sol número 30!

Deja un comentario