La gestión de proyecto no es un asunto nuevo en la profesión de Trabajo Social.
Como tal, la gestión de proyectos pertenece, como lo va a decir Saenz-Arteaga (2012), al campo de conocimiento de las ciencias administrativas; sin embargo, los profesionales de Trabajo Social hemos aportado conocimiento a este campo a partir de procesos de intervención e investigación desde la planeación social, la gerencia social y la gestión del talento humano.
Bien lo planteaba en los años 80’s, la Trabajadora Social chilena Mónica Jiménes de Barros, al mencionar que, “para poder ejecutar adecuadamente un proyecto social se necesita, por lo tanto, incorporar al proceso metodológico elementos teóricos y técnicos de administración, ya que la puesta en marcha de un proyecto social es básicamente un problema administrativo” (Jiménez de Barros, 1982, p.15).
Resulta que efectivamente la gestión de proyectos sociales requiere un gran despliegue de accionar relacionado con habilidades administrativas, pero no por eso se aleja de ser un asunto de competencia de los profesionales de Trabajo Social, ya que en últimas un proyecto de naturaleza social requiere en el desarrollo de todas sus etapas expertos sobre la materia, en especial si se trata de temas donde el Trabajo Social tiene especial actuación.
Se tiene la idea errada, de manera particular en la academia Latinoamérica, de que el rol administrativo del Trabajador Social es poco crítico, propositivo, creativo y que pierde valor por su poca interacción directa con las posibilidades de transformación o cambio social a través de la intervención. Sin embargo, es todo lo contrario, de hecho, el lugar del Trabajador Social administrativo y especialmente en la gestión de proyectos es muy valioso y estrictamente necesario, pues las decisiones más importantes con el poder de impactar de manera drástica a la sociedad se toman en estos escenarios administrativos.
Es común pensar que la relación directa del Trabajador Social con los proyectos sea el de ejecutor, sin embargo, es necesario asumir la importancia de que el profesional de Trabajo Social asuma roles estratégicos y no solo tácticos en la gestión de los proyectos. Es decir, que haga parte de todos los momentos del proyecto (creación, ejecución, evaluación). En relación con esto, nuestra ya enunciada colega Mónica Jiménes de Barros, va a decir que:
En su condición de administrador de proyectos el trabajador social debe organizar, dirigir, y controlar los esfuerzos humanos, materiales y financieros incluidos en el proyecto, a fin de que se logren los objetivos previamente diseñados. Las funciones administrativas enunciadas constituyen un sub-conjunto dentro del proceso metodológico general; por otra parte, para realizar un trabajo profesional eficiente es preciso diagnosticar la realidad, diseñar proyectos, administrarlos y evaluarlos. (Jiménez de Barros, 1982, p.15).
Así pues, la importancia de que los profesionales de Trabajo Social aprendamos a gestionar proyectos recae en el poder que adquirimos, pues podemos hacer parte de la toma de decisiones y, de lo que es más importante aún, orientar que dichas decisiones impacten de manera positiva a las comunidades, organizaciones, colectivos y personas. Independiente de las posturas ideológicas, apuestas paradigmáticas, orientaciones teóricas y metodológicas que los Trabajadores Sociales pueden interiorizar en su matriz epistémica y ontológica, la gestión de proyectos es una herramienta indispensable en el ejercicio profesional.
Referencias:
Jiménez de Barros, M. (1982). El Trabajo Social y la ejecución de proyectos sociales. Revista de Trabajo Social, 36, 14-17. https://repositorio.uc.cl/handle/11534/6118
Saenz-Arteaga, A. (2012). El Éxito de la Gestión de Proyectos: Un nuevo enfoque entre lo tradicional y lo dinámico [Disertación de doctorado]. Universitat Ramon Llull.

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