Nota: este articulo fue escrito como un proceso de transcripción y edición del live que realicé en mi canal de YouTube titulado “Marca Personal para Trabajadoras y Trabajadores Sociales: ¿Cómo empezar?”.
Voy a compartirles un poquito de mi historia —muy breve— pero quiero que la conozcan, precisamente, para que a partir de esa anécdota puedan ir entendiendo lo que implica este ejercicio de construir una marca personal. Vamos a preguntarnos y a responder por qué es importante tener una marca personal en Trabajo Social, conoceremos errores comunes y mitos alrededor de lo que es —o no es— una marca personal, especialmente en nuestra profesión. También vamos a revisar esos pasos claves para construirla, cómo comunicar estratégicamente lo que hacemos como Trabajadoras y Trabajadores Sociales y, finalmente, qué posibilidades nos abre en términos de oportunidades laborales y profesionales en general.
Es importante tener presente que la marca personal la comenzamos a construir desde siempre. No es que un día partamos desde cero, sino que lo que hacemos es potenciarla. Es común escuchar que uno “crea” su marca personal, y en realidad lo que ocurre es que se intenciona: se vuelve consciente, estratégica, y se planifica su comunicación. La marca personal tiene mucho que ver con lo que somos y con lo que hemos construido en la memoria de otras personas a lo largo de nuestra historia de vida. Así que, cuando decidimos intencionarla, lo que hacemos es encaminar el ejercicio de comunicación hacia lo que queremos que los demás conozcan, recuerden o asocien con nosotros. En este caso, desde nuestra profesión.
Por eso, la marca personal es, en esencia, una estrategia de comunicación. Una estrategia intencionada, con objetivos claros sobre lo que queremos compartir, y por eso no puede tomarse a la ligera. No se trata simplemente de crear videos, publicar imágenes o hacer memes en redes sociales. Va mucho más allá.
Yo inicié mi marca personal como tal en el año 2017. En ese momento no usaba mi nombre —Sebastián Gómez— sino que empecé con otro nombre: Trabajo Social aquí y ahora. Comencé con un blog donde escribía sobre temas de Trabajo Social y reflexiones que tenía como estudiante, porque aún era estudiante en ese entonces. También compartía en Instagram citas textuales de lecturas que hacía, tanto de la universidad como por cuenta propia, tomadas de artículos, blogs, libros o conferencias de colegas Trabajadores Sociales que me gustaban. Lo que hacía era compartir esas citas para que otros colegas también pudieran leerlas y, como a mí, interesarse y aprender de ellas.
Con Trabajo Social Aquí y Ahora trabajé hasta el año 2020. En ese recorrido aprendí varias cosas: a manejar redes sociales, a usar WordPress para el blog e incluso llegué a monetizarlo. Una universidad española me contrató en varias ocasiones para que hiciera pauta desde el programa de Trabajo Social que ellos ofrecían. Yo escribía sobre temas relacionados en mi blog, y me pagaban por ello.
Después de formarme en temas de marca personal, marketing digital y redes sociales, entendí que lo que venía haciendo tenía todo que ver con ese concepto, aunque en ese momento no lo sabía. Comprendí que la marca personal está ligada a la persona que comunica estratégicamente sobre los temas que trabaja, y que, si bien usar un nombre distinto no está mal, sí dificulta construir una identidad sólida alrededor de quien está detrás del contenido. Y al final, justamente por eso se llama marca personal, porque parte de una persona, no de un tercero como una empresa, un colectivo o un proyecto.
Así que tomé la decisión de migrar todo ese recorrido que había hecho con Trabajo Social Aquí y Ahora a mi nombre: Sebastián Gómez, en todas mis redes sociales y en los contenidos que comparto. Seguí —y sigo— compartiendo citas textuales, escribiendo en mi blog y publicando contenidos sobre Trabajo Social. Con el tiempo, también empecé a hablar de empleabilidad y marca personal, pero todo desde Sebastián Gómez.
Ese proceso de formalizar mi marca personal, es decir, dedicarme a ella con más juicio y con una estrategia definida, fue algo que asumí como parte importante de mi proyecto de vida. En el 2020 decidí trabajar mi marca personal de manera más organizada. Empecé a tener presencia en LinkedIn, Instagram, Facebook, YouTube, TikTok y, por supuesto, en mi blog. Hoy en día, estoy más activo en unas plataformas que en otras —porque crear contenido requiere tiempo y dedicación—, pero estoy presente en todas, porque esa es la proyección que quiero para mi marca.
Y en el 2023 tomé una decisión concreta: comenzar a monetizar mi marca personal. ¿Qué significa eso? Empecé a ofrecer servicios e infoproductos basados en el conocimiento que he acumulado desde 2017, en la reputación que he construido, en el contenido que he creado y en mi experiencia profesional. La idea es que otras personas puedan beneficiarse de todo ese recorrido: de mis aprendizajes como Trabajador Social, como emprendedor, como autodidacta, y como profesional en ejercicio. Y que lo hagan a través de los servicios y productos que ahora ofrezco desde mi marca personal. Esto se los comparto para que tengan presente que la marca personal está muy relacionada también con nuestro ejercicio laboral.
Si nosotros decidimos que esa marca personal sea seria, rigurosa, que estudiemos, que llevemos el ejercicio de la profesión de Trabajo Social a través de la marca personal —y además lo demostremos—, y que la gente lo pueda ver de manera muy tangible y directa, vamos a lograr que se evidencie que estamos ejerciendo el Trabajo Social. Y que, al mismo tiempo, ese ejercicio del Trabajo Social se ve reflejado en una marca personal que se comunica en diferentes plataformas digitales, que es hoy en día la forma en que se comunican las marcas personales.
Y ahí, entonces, me permito entrar al tema concreto de la marca personal. Una de las principales cosas que debemos tener presentes es que la marca personal ha existido siempre. El asunto es que no siempre se ha conocido con ese nombre, y las formas de comunicarla y de dar a conocer el conocimiento y la experiencia han cambiado a través de la historia.
Antes se hacía en la plaza pública, en la radio, en los periódicos, en la televisión, en escenarios de relación propios de la época, del contexto social, económico y cultural en el que se vivía. Hoy en día, las formas en las que nos comunicamos y transmitimos ideas y conocimientos, en las que divulgamos y circulamos contenido, son principalmente a través de plataformas digitales, especialmente redes sociales.
Por eso, las marcas personales hoy están relacionadas con el marketing digital, con las redes sociales, con crear contenido y demás. Porque es la forma como se está comunicando. Y ahí radica la importancia de no pelear con estos formatos, de no pensar que por comunicar en redes sociales no estamos ejerciendo la profesión o no estamos siendo rigurosos, sino, por el contrario, de reconocer cuáles son los canales adecuados para comunicar y cuidarnos rigurosamente de que lo que transmitamos esté alineado con la ética profesional y, sobre todo, con nuestro proyecto de vida. Así evitamos retrocesos o dificultades más adelante —o incluso desde el inicio— con lo que estamos comunicando y mostrando.
Algo muy importante que siempre menciono en mis mentorías de marca personal y de empleabilidad es que debemos tener claros nuestros innegociables en este proceso de emprender, buscar empleo y construir una marca personal. Debemos saber muy bien qué estamos dispuestos a comunicar, conocer profundamente la parte ética como profesionales para no infringirla y para actuar de acuerdo con los códigos de ética y, en general, con un actuar ético como Trabajadores Sociales.
Y también tener presente siempre que nuestra profesión nos invita a generar impacto social positivo, y que la idea de construir marcas personales siendo profesionales o estudiantes de Trabajo Social es precisamente transmitir ese impacto positivo a través de nuestra marca.
Aquí es donde cobra sentido hablar de marca personal en Trabajo Social. ¿Por qué es importante? Nuestra profesión tiene más de 100 años de historia. Este año —en 2025— celebramos en Latinoamérica el centenario del Trabajo Social profesional en el continente. Y a pesar de esos 100 años de historia, aún enfrentamos muchos retos en cuanto al reconocimiento social de la profesión, la dignificación laboral, y la presencia del Trabajo Social tanto en el mundo académico-científico como en el mercado laboral.
Debemos estar presentes desde nuestra identidad profesional y disciplinar, y aportar desde nuestros conocimientos y desde la construcción histórica de nuestra profesión. Pero, lo que diferentes autores y también la experiencia cotidiana han evidenciado es que tenemos un déficit significativo en la forma de comunicar el Trabajo Social. Muchas personas no comprenden aún lo que hacemos, y eso se refleja en la baja demanda de nuestros servicios y en la falta de dignificación de nuestro ejercicio profesional.
La marca personal, si se construye bien, con juicio, con ética, puede ser una forma de comunicación estratégica que visibilice y circule el quehacer del Trabajo Social en diferentes ámbitos y contextos. Porque, seamos honestos: nadie recomienda, compra, paga o contrata algo que no conoce. Y el Trabajo Social, aunque es una profesión profundamente importante y pertinente hoy, sigue siendo ampliamente desconocida.
Si no nos preocupamos por divulgar lo que hacemos, por comunicar esa importancia, seguiremos enfrentando los mismos problemas que hemos vivido en estos 100 años. Claro, esto implica volver a nuestra historia, reconocer nuestros aciertos y errores, y construir una identidad profesional rigurosa y sólida. Así, cuando nos enfrentemos a personas que no conocen nuestra profesión o que nos exijan explicarla y demostrar su utilidad, podamos hacerlo con claridad y generar una buena imagen, contribuyendo así al reconocimiento social que merecemos. Estoy seguro de que si logramos ese reconocimiento, podremos exigir sueldos dignos, respeto profesional y ocupar escenarios de poder desde los que podamos tomar mejores decisiones a favor de las personas, familias, comunidades y organizaciones.
Pero eso no llegará por sí solo, ni lo debemos dejar en manos de otras disciplinas. Es responsabilidad del gremio. Y una de las formas —no la única, pero sí muy potente— de lograrlo es a través de la marca personal, con colegas que, de manera autodidacta y alineados a su proyecto de vida, se atrevan a comunicar lo que hacen y a enseñar desde su quehacer profesional. Por eso es importante hablar de marca personal en Trabajo Social: porque nos ayuda a comunicar de forma estratégica la importancia de la profesión a la sociedad.
Ahora bien, ¿qué es eso de la marca personal? Al inicio mencioné algunas cosas, pero ahora quiero definirlo con mayor claridad. Encontraremos muchísimas definiciones en internet: cada mentor o experta tiene su propia definición, los libros también, y las investigaciones sobre el tema proponen distintas aproximaciones. Pero yo tengo una definición propia, que está alineada con muchas de esas ideas y que parte del hecho de construir una marca personal desde la identidad de ser Trabajadoras o Trabajadores Sociales.
Yo creo que una marca personal, siendo Trabajadores Sociales, tiene mucho que ver con quedarnos en la memoria de las personas a partir del impacto positivo que generamos en ellas, utilizando nuestra pasión, talento, conocimiento y experiencia como las principales herramientas.
¿Por qué hablo de la memoria? Porque eso es una marca: algo que queda impregnado, ya sea en una tela, una madera, o cualquier material. Y en el caso de la marca personal, esa “marca” queda impregnada en algo intangible: la memoria de las personas. ¿Y cómo logramos que nos recuerden? Pues generando soluciones, respuestas, acompañamientos a necesidades concretas de su vida cotidiana. Que sepan que respondemos, que estamos allí, que impactamos. Y eso hace que dejemos una huella, una marca, y que nos vuelvan a buscar cuando lo necesiten.
Por ejemplo, en mi caso, yo trabajo temas de divulgación del Trabajo Social, temas contemporáneos e identidad profesional del Trabajo Social. Pero también hablo de empleabilidad, marca personal y gestión de proyectos. Y lo que busco es generar recordación en mis colegas y otros profesionales que se interesan por estos temas, a partir del impacto que genero con mi conocimiento y experiencia. Ese impacto se manifiesta en videos, en talleres, en mentorías, en clases, en el contenido que creo para redes sociales, en los materiales que comparto, en los artículos que leo y recomiendo, en mi formación integral como trabajador social, y también en mi ejercicio cotidiano, ya sea como empleado o como emprendedor.
Desarrollar mi profesión desde la marca personal ha sido clave. Todo eso en conjunto hace que las personas recuerden lo que está haciendo Sebastián Gómez como Trabajador Social. Y que, cuando necesiten algo de mí —ya sea un servicio pago, un infoproducto, un taller, o incluso un consejo básico sobre el tema—, lleguen a mí porque saben que yo hablo de eso, porque saben que puedo aportarles valor desde mi experiencia y conocimiento, que estoy comunicando y compartiendo tanto en redes sociales como en canales más directos, incluso en el tú a tú.
Y ahí entra algo muy importante: si bien hoy los principales canales de comunicación son digitales, la marca personal debe tener coherencia entre lo que digo y transmito en las plataformas y lo que demuestro en la presencialidad. Eso que expreso en redes sociales debe estar alineado completamente con mi comportamiento en la vida real. Si eso no ocurre, se genera una brecha que afecta la confianza, y con razón. La marca personal se construye también desde la reputación que generamos en nuestra práctica profesional y en lo que comunicamos. Así que sí, se comunica principalmente desde lo digital, pero tiene que demostrarse en lo presencial, en ese encuentro directo con las personas, las familias, las comunidades y las organizaciones.
Hasta aquí estaría resuelto el por qué es tan importante hablar de marca personal en Trabajo Social.
Ahora bien, hablemos de los errores comunes y los mitos más frecuentes cuando se trata de construir y potenciar una marca personal. En general, muchos Trabajadores Sociales —sobre todo en países hispanohablantes— suelen tener una reacción negativa cuando se habla de marketing, comercio, ventas, redes sociales o divulgación digital. Y eso es comprensible. Existen razones históricas, culturales, políticas y económicas en nuestra formación profesional que han generado un rechazo hacia esos temas. Esto hace que hablar de marca personal en Trabajo Social no sea algo tan común ni fácil de abordar en universidades o espacios profesionales. Precisamente por esto, debemos empezar a derrumbar mitos y construir nuestras propias formas de desarrollar marca personal.
Uno de los mitos más comunes es creer que solo las personas famosas, del mundo artístico o del entretenimiento, los influencers o los CEO de grandes empresas pueden tener una marca personal. Y no. Si bien estas personas han usado las redes sociales para posicionarse y comunicar sus proyectos personales, eso no significa que la marca personal sea exclusiva de ellos.
Tener una marca personal no es lo mismo que ser influencer. Claro que hay influencia, porque comunicamos y compartimos conocimiento que puede impactar decisiones. Pero eso no nos convierte automáticamente en influencers. Una marca personal tiene objetivos y metas claras, mientras que ser influencer suele tener una dinámica más abierta, cotidiana, sin necesariamente un propósito estructurado detrás. Entonces, cuando un Trabajador Social dice que está construyendo su marca personal, muchas veces alguien reacciona con “¡te vas a volver influencer!”. Y por eso es importante diferenciar ambos conceptos.
Además, es esencial entender que la creación de contenido no es el objetivo final de la marca personal. Crear contenido es solo una herramienta para comunicar un mensaje. Y ese mensaje tiene que estar direccionado por una estrategia, con un objetivo claro. No se trata de subir videos al azar, sino de tener un mensaje potente que queremos hacer llegar a una audiencia específica.
Un error común es negarse a estar en redes sociales. Tal vez no en todas, pero sí es clave habitar esos espacios, porque son los medios de comunicación más importantes hoy. Si las usamos bien, con la formación y el conocimiento que tenemos como Trabajadores Sociales, podemos generar un impacto social positivo enorme. Las redes nos permiten dar a conocer la profesión y amplificar nuestro alcance.
Eso sí, comunicar estratégicamente es esencial. No somos comunicadores sociales, pero no podemos delegar en terceros la responsabilidad de contar lo que somos y hacemos. Nadie va a comunicar nuestra labor profesional como nosotros mismos. Y si lo hacemos mal, no solo nos perjudicamos individualmente: podemos afectar la imagen de toda la profesión. Por eso, comunicar desde el Trabajo Social debe hacerse con responsabilidad colectiva, con ética, con claridad, con objetivos definidos. Es sentarse a pensar qué quiero comunicar, cómo lo voy a hacer, qué mensaje quiero dejar claro y cómo ese mensaje se conecta con el impacto social que quiero lograr.
Y, finalmente, la marca personal no es algo externo: somos nosotros mismos. Está directamente relacionada con nuestro proyecto de vida, con nuestra personalidad, nuestros valores, intereses, talentos, experiencia profesional, postura ética y política, ideología. No se trata de crear un personaje para las redes, porque si creamos un personaje, terminamos actuando. Y actuar nos desconecta de nuestra autenticidad.
Ser sinceros con lo que realmente somos es fundamental. Si actuamos desde la autenticidad, va a ser mucho más fácil sostener en el tiempo nuestra marca personal. En cambio, si nos inventamos un personaje, tarde o temprano eso va a generar acciones poco éticas y difíciles de sostener. Vivir actuando cansa, y no se trata de actuar, sino de ser espontáneos, de mostrar lo que realmente somos y lo que sabemos hacer. Y si hay algo que no sabemos, podemos compartir lo que estamos aprendiendo, lo que estamos construyendo en el proceso.
Desde esa autenticidad es que logramos generar un impacto positivo, comunicar de manera genuina, acompañar procesos diversos y sostener, fortalecer y permanecer en el ejercicio de construir una marca personal sólida. Si lo hacemos de forma responsable, sincera y genuina, podemos obtener muchos beneficios.
Muchos expertos en marca personal afirman que es uno de los activos más importantes de cualquier persona. ¿Por qué? Porque siempre va con nosotros. Nuestra marca personal somos nosotros mismos. Si construimos estratégicamente desde lo que somos, comunicamos lo que podemos aportar, lo que sabemos hacer, el valor que generamos para la sociedad, inevitablemente surgirán oportunidades. Y lo mejor es que no dependen de otros: dependen de nosotros. Esto nos permite no solo sostenernos como proyecto profesional, sino también mantener otras dinámicas importantes: emprendimientos, procesos laborales, proyectos familiares, educativos o formativos. En fin, todo lo que implica ser profesional.
Una marca personal bien consolidada también nos convierte en referentes. Es decir, las personas comienzan a asociarnos con los temas que trabajamos. Si Sebastián Gómez, Trabajador Social, habla constantemente de empleabilidad, marca personal y Trabajo Social, y lo hace bien, la gente lo reconocerá como un referente en esos temas. Entonces, cuando alguien necesite apoyo, una charla, una mentoría, un taller o simplemente una opinión experta, va a pensar en él.
Esto también se traduce en una mejor manera de “vendernos” en el mercado laboral. Podremos negociar de manera más estratégica porque ya nos conocen. Ya saben lo que hacemos, lo que aportamos, y eso facilita que surjan nuevas oportunidades, como el ejercicio del Trabajo Social de forma autónoma o libre.
En Latinoamérica y España, aunque ya hay colegas que lo están haciendo, el Trabajo Social autónomo todavía no es un tema ampliamente abordado. Hay mucho por descubrir. Y eso se debe a que históricamente nos hemos vinculado a instituciones públicas o privadas. Siempre hemos pensado que el Trabajo Social solo se ejerce desde un tercero. Pero no tiene por qué ser así.
Si miramos hacia atrás, nuestras pioneras en el Trabajo Social iniciaron sus procesos desde un ejercicio libre, desde la acción directa en las comunidades, desde su propia iniciativa. No existía el concepto de “marca personal” ni se hablaba de “emprendimiento”, pero en la práctica, lo estaban haciendo.
Entonces, si somos juiciosos, constantes, disciplinados y nos permitimos transformarnos, explorar nuevos temas, dialogar con personas que piensen distinto, arriesgarnos y aprender, construiremos una marca personal que, a corto, mediano o largo plazo, nos permitirá diversificar nuestras fuentes de ingresos. No dependeremos exclusivamente de un empleo institucional.
Y ojo, esto no significa que todas las marcas personales deban monetizarse o estar ligadas a emprendimientos. No es obligatorio. Puedes construir tu marca personal mientras estudias, enfocándola en tu proceso de formación. Puedes hacerlo también desde tu experiencia laboral en una institución, comunicando lo que haces. O puedes hacerlo como profesional autónomo. ¡Incluso puedes combinar todo eso! Lo importante es comprender que construir una marca personal abre miles de posibilidades. Y, esas posibilidades solo aparecen si hacemos el ejercicio con juicio y rigurosidad, entendiendo que estamos comunicando desde una profesión, y que eso implica respetarla y dignificarla.
Ahora sí, ¿cuáles son los primeros tips para iniciar o potenciar una marca personal en Trabajo Social? A continuación le comparto 4:
Tip 1. Alinea tu marca personal con tu proyecto de vida:
Este punto es clave. Si el tema que vamos a trabajar en nuestra marca personal no nos moviliza, no nos gusta, no nos apasiona, entonces no es el camino correcto. Busca algo que esté alineado con lo que realmente quieres ser como profesional. Ese es el verdadero potencial de la marca personal: Nos permite construir nuestro propio camino. Y si ya estamos en ese camino, nos permite potenciarlo.
Cuando no está alineada con nuestro proyecto de vida, la marca personal se vuelve una carga, una camisa de fuerza. No la disfrutamos, no nos hace feliz, y así es muy difícil sostenerla en el tiempo. ¿Cómo podemos saber si sí está alineada con nuestro proyecto de vida? Es fácil, porque podemos hablar de esos temas por horas y no nos cansamos. Nos emociona, no inspira, nos mueve. Ahí es donde sabemos que vamos por buen camino.
Tip 2. Identifica tus nichos de acción profesional:
Yo los llamo así: nichos de acción profesional. Son los temas que nos apasionan, nos interesan, conocemos o queremos aprender más. Son esos ejes alrededor de los cuales vamos a construir tu marca. No deben ser demasiados. Si ya llevamos tiempo con la marca personal, podemos tener hasta cinco nichos. Pero si estamos empezando, recomiendo elegir máximo tres, y que estén conectados entre sí. Lo importante es que nos encanten, que tengamos cosas que decir sobre ellos, que los vivamos desde nuestra experiencia o desde nuestra formación.
Para construir una marca personal como Trabajadores Sociales, necesitamos comenzar alineando nuestro proyecto de vida con esa marca. Es clave definir nuestros nichos de acción profesional y ponerles nombre. Yo, por ejemplo, ya les he compartido los míos: Trabajo Social, empleabilidad, marca personal, gestión de proyectos sociales y educativos. Esos temas no solo me apasionan, sino que son parte de mi día a día como Trabajador Social. Por eso los comunico con fuerza desde mi marca personal.
Tip 3. Elige un canal de comunicación:
Uno de los pasos importantes es escoger una red social como nuestro canal de comunicación principal. Esa red debe alinearse con lo que somos y con cómo nos gusta comunicar. Puede ser por escrito, en audio, en imagen o en video. Según ese estilo, habrá redes que se ajusten mejor. En mi caso, por ejemplo, mi red principal es LinkedIn, seguida por Instagram, y luego uso también Facebook, TikTok y YouTube. Pero LinkedIn e Instagram son donde tengo más comunidad y donde están los públicos que me interesa impactar desde mis nichos de acción profesional.
Tip 4. Hay que volvernos autodidactas:
Ahora bien, si queremos crear una marca personal en serio, tenemos que aprender cosas que no nos enseñan en la universidad. Como redes sociales, marketing digital, inteligencia artificial, Excel, contabilidad, economía o finanzas personales. Son saberes de otras disciplinas, sí, pero nos permiten fortalecer nuestra capacidad para comunicar, para emprender y para hacer sostenible nuestra marca. Negarnos a aprenderlos es negarnos la posibilidad de crecer.
Y si estamos pensando que nuestra marca personal en algún momento pueda ser también una fuente de ingresos —ofertando servicios, infoproductos o productos desde nuestro conocimiento profesional— debemos asumir que vamos a necesitar aprender sobre administración, normatividad, finanzas, aspectos legales y tributarios. Incluso sobre matemáticas financieras. No porque seamos contadores o economistas, sino porque estamos emprendiendo y gestionando nuestro propio proyecto de vida profesional. La clave está en que, aunque los conocimientos de Trabajo Social son nuestra base y siempre debemos seguir actualizándolos, no son suficientes. Tenemos que abrirnos a otras áreas del saber que nos potencien como profesionales y como emprendedores sociales.
Es importante recordar que formarse no siempre significa obtener un nuevo título. También nos podemos formar de manera autodidacta. Yo mismo he construido todo mi camino en marca personal así, aprendiendo cada día, empleando diferentes formas como tutoriales en YouTube, escuchando podcast, leyendo libros y artículos, y eso me ha permitido acceder a nuevas oportunidades, conectar con más personas y generar un impacto real desde lo que sé y hago como Trabajador Social.
Así que, a modo de conclusión, lo más importante es atrevernos a comenzar. A salirnos de la caja tradicional de lo que históricamente se ha entendido como Trabajo Social, no para abandonarlo, sino para dignificarlo y comunicarlo desde nuevos lenguajes y escenarios. Eso también es defensa profesional. La invitación es clara: es el momento de comenzar a pensarnos el Trabajo Social desde otros escenarios y posibilidades, sin perder la rigurosidad, siendo éticos y reconociendo el poder de nuestra historia para construir el presente y el futuro.

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