Trabajo Social y la formación en investigación: una reflexión sobre sus retos

Trabajo Social y la formación en investigación

Para algunas y algunos profesionales del Trabajo Social, la investigación no es un tema de relevancia, ya sea porque no piensan dedicarse a ello, les causa alguna dificultad o simplemente no les llama la atención; sin embargo, ser una Trabajadora o un Trabajador Social con habilidades investigativas, permite que la intervención en lo social se fortalezca en la medida que la hace más reflexiva, crítica, propositiva, creativa, rigurosa y pertinente, y que además, afianza la producción de conocimiento propio. En este sentido, la investigación se configura en una opción de la cual no se puede prescindir, pues es un compromiso ético-político en el quehacer profesional.

Si bien es cierto que la formación en investigación se ha potenciado en diferentes facultades de Trabajo Social, evidenciándose en el aumento de asignaturas dedicadas a potenciar las habilidades investigativas en las mallas curriculares de los programas de pre-grados/licenciaturas, así como también, en el incremento de ofertas en posgrados a nivel de maestrías y doctorados directamente relacionados con la profesión; es importante resaltar, que aún falta mucho por avanzar, por ejemplo en:

a) adquirir como habito en el quehacer profesional la publicación científica o netamente comunicativa;

b) fortalecer más la formación en la sistematización de experiencias, como una práctica que posibilita volver los saberes de acción conocimientos que potencian las habilidades profesionales a nivel individual y colectivo;

c) Ampliar los estudios de pertinencia de los procesos de intervención y formación de la profesión;

d) incursionar en los proceso de investigaciones evaluativas a políticas y programas públicos y sociales.

Estos y otros retos más que aún faltan por incursionar en relación a la investigación desde el Trabajo Social, se deben, de acuerdo a lo que plantea Falla (2014), a un rezago de corte positivista en las formas de enseñanza de la investigación en las facultades, lo que hace que aún exista una tendencia a un ejercicio profesional de carácter práctico-funcionalista, donde la investigación se ve como algo importante en la formación profesional pero que se aplica muy poco en los diferentes campos de actuación.

Lo anterior, convoca a entender que es necesario comenzar a transformar la idea de la forma como se entiende el ejercicio de la investigación, es decir, de transitar de ese ejercicio academicista, netamente institucional y de expertos, a un quehacer de campo en constante conexión con la vida y que se construye en la cotidianidad del quehacer profesional, que de hecho transciende las normas de publicaciones indexadas, que en muchas ocasiones alejan las investigaciones de los contextos orgánicos donde se gestan las interacciones y dinámicas sociales. La investigación, en el proceso de formación de las y los profesionales del Trabajo Social, requiere transitar de la necesidad ego-cientifica, es decir, de aquellas investigaciones que se quedan en publicaciones de estantería, a investigaciones que realmente aporten en la generación de un bienestar social basado en la justicia y equidad, acentuando como lo propone Cifuentes (2013) a la investigación social como un fundamento en el quehacer profesional.

Si durante el proceso de enseñanza de la investigación en las facultades y/o programas de Trabajo Social, esta se impartiera desde una pedagogía encaminada a comprenderla como un proceso riguroso, pero netamente creativo y político, permitiría que los estudiantes no se aburrieran en las clases de “teorías de la investigación” o en “epistemología”, sino que la vieran como un escenario de posibilidades. El desafío más grande en relación a la investigación desde el Trabajo Social, recae sobre los procesos de formación, es allí donde se debe direccionar la atención y reflexión suficiente.

Es necesario comenzar a ver a la investigación y la intervención en lo social, específicamente durante los procesos de formación profesional de las Trabajadoras y los Trabajadores Sociales, como una práctica cultural, que permite una formación constante de sujetos históricos que construyen su presente y reflexionan las posibilidades del futuro con sentido social y con una convicción de transformación, logrando que estas y estos profesionales, en un proceso en doble sentido, hagan investigación (generan conocimiento y fortalecen los saberes de acción) y se configuran como ciudadanos críticos propositivos (con un fuerte compromiso ético-político-creativo con la vida).

Finalmente, es importante reconocer que aunque la investigación como proceso unido a la intervención nunca ha estado totalmente desarticulado del quehacer profesional del Trabajo Social, sí es pertinente aceptar que esta nunca debe dejarse quieta y que por el contrario las dinámicas políticas, económicas, sociales y culturales actuales, llaman a hacer de las habilidades investigativas las mejores aliadas para contextualizar y hacer de manera más acertada los procesos de intervención en lo social.

Fuentes consultadas:

Cifuentes, M. (2013). Formación en Trabajo Social e investigación: una relación insoslayable de cara al siglo xxi. Trabajo Social, (15), 165-182. Recuperado de https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=https://revistas.unal.edu.co/index.php/tsocial/article/viewFile/42583/44131

Falla, U. (2014). La investigación en el trabajo social contemporáneo. Recuperado de https://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/libros/libros-000063.pdf

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