¿Por qué decidí ser un Trabajador Social?

¿Por qué decidí ser un Trabajador Social?

Todas las personas que me conocen, bien sea porque compartimos escenarios de estudio, trabajo, familiares o de amistad, saben que me apasiona el Trabajo Social, que no me veo haciendo algo diferente y que trato siempre de hacer quedar en alto esta profesión-disciplina.

Sin embargo, no siempre quise ser Trabajador Social, de hecho, como la mayoría que llegamos a esta carrera, ni sabía que existía. En este Newsletter, les voy a compartir las tres razones que me llevaron a elegir a Trabajo Social como parte fundamental de mi proyecto de vida.

Primera razón: conocer la existencia de Trabajo Social significó una opción de libertad

Yo crecí en una familia de madre y padre separados, por tanto, mis referentes familiares siempre han estado divididos, por un lado, la familia por parte de mi papá y por otro la de mi mamá. De manera particular, la familia por parte de mi papá denotó en mi una gran presión, ya que al obedecer a una cultura demasiado conservadora se proyectó una idea de lo que yo debería ser de adulto, se esperaba de mí que fuera a la universidad, que me convirtiera en un hombre proveedor, masculino y que en general respondiera a la idea casi perfecta de lo que representa el ser un hombre en la cultura machista.

El caso, es que desde muy pequeño demostré una inclinación totalmente contraria a ese ideal de hombre, yo siempre fui afeminado, nunca me gustó compartir los típicos escenarios masculinizados de la escuela o la familia, además, no me interesó seguir o siquiera aprender el oficio tradicional ejercido por mis tíos, papá y abuelo. De pequeño, respondí a una idea muy diferente a lo que se esperaban de mí, lo cual trajo consecuencias, como el hecho de sufrir violencia simbólica, económica y física.

Descubrir mis habilidades para el estudio significó un refugio, pues el ser buen estudiante alivianó un poco la presión, aún así, se me exigía ser un buen estudiante para poder llegar a la universidad y cursar una carrera de prestigio, que me permitiera adquirir dinero y demás beneficios.

De esta manera, tanto en la escuela como en la familia de mi papá se me insinuaba que debía estudiar alguna ingeniería, medicina o medicina veterinaria. De hecho, en el colegio poco se me llegó a mencionar la existencia de otras profesiones, siempre tenía en el radar a las mismas carreras.

Yo tenía claro que quería estudiar una carrera universitaria, pero no sabía muy bien cuál. Por un tiempo, divagué en opciones como la ingeniería electrónica, la ingeniería de sistemas o la ingeniería biomédica. El caso era que no me sentía cómodo entre las opciones que el medio me brindaba, sentía que no me llenaba, no me sentía atraído. Además, porque las matemáticas no me gustaban, y mucho menos después de ver algebra.

Fue en el año 2013, cuando cursaba el último año del colegio que me mudé a vivir a una nueva ciudad, donde tuve la oportunidad de conocer a la coordinadora de la nueva institución donde iba a terminar mis estudios secundarios.

Esta mujer me parecía maravillosa, era una señora de más de 50 años, pero su actitud era como la de una joven de 15, era ocurrente, creativa e irreverente, de un temperamento riguroso y sensato. Esta mujer, fue la primera Trabajadora Social que conocí, cuando ella me dijo que había estudiado Trabajo Social mi mente explotó de curiosidad, nunca nadie me había mencionado sobre la existencia de esa profesión.

Después de que la coordinadora de mi colegio me mencionara que ella había estudiado Trabajo Social, me dediqué tres semanas completas a indagar sobre esta profesión, quería saber de qué se trataba, qué hacían estos profesionales y muchas cosas más, y en este camino descubrí otras profesiones como la sociología, la antropología, el desarrollo familiar, etc.

Sin lugar a duda, el haber conocido al Trabajo Social me permitió abrir un mundo de posibilidades, me acercó a la libertad de elección sobre algo que realmente me llamaba la atención. Fue entonces cuando decidí que quería ser Trabajador Social, aun sabiendo que esto haría que mi familia me diera la espalda y no apoyara mi decisión. Es de resaltar que la única persona que siempre me apoyó en mi elección fue mi mamá, sus palabras fueron: “estudie, no importa qué, pero estudie”.

Segunda razón: la historia de Trabajo Social me inspira

Recuerdo que, en mis largas jornadas de investigación sobre Trabajo Social, antes de elegir estudiarla, me asombró el hecho de descubrir que era un campo de conocimiento creado por mujeres, una profesión agenciada y alimentada en su mayoría por mujeres, pero no cualquier tipo de mujeres, ellas eran mujeres que habían elegido defender los derechos humanos, la justicia social, la equidad social y todo aquello que implicaba un bienestar común para las personas.

En especial, me encantó la historia de Mary Ellen Richmond, quien profesionalizó el Trabajo Social en Estados Unidos a mediados de 1917, en una época donde las mujeres aún no podían votar. Esto me maravilló, porque me hizo considerar que está profesión significaba un campo en disputa con el sistema patriarcal, pues resignificaba el lugar de las mujeres y cuerpos feminizados, como agentes importantes para generar oportunidades de cambio o transformación social.

Descubrir parte de la historia del Trabajo Social, me inspiró a querer hacer parte de ella, me hizo pensar que el hecho de ser una persona que se dedica a trabajar en pro de potenciar las vidas de las comunidades y grupos sociales es lo que este mundo tan violento necesitaba.

Además, me gustó descubrir que la profesión se dedicaba a generar procesos de intervención social en aquellos escenarios históricamente olvidados, pero, que también, generaba procesos de investigación, asunto que me gustaba demasiado, pues estando en el colegio ya participaba de un semillero de economía que lideraba una universidad de la ciudad. En definitiva, quería ser Trabajador Social.

Tercera razón: elegir al Trabajo Social me permitió asumir las riendas de mi vida

De esta manera, el 2013 no solo fue el año en el que decidí ser Trabajador Social, sino, también, el año en el que elegí asumir las riendas de mi vida, pues tomé la decisión de contarle al mundo que era homosexual. Como podrán imaginar, la noticia no fue para nada bien acogida por la familia de mi papá, de hecho, él me dejó de ayudar económicamente en mis estudios, nunca aceptó el hecho de que yo eligiera vivir la vida que yo quería para mí y no la que él había elegido.

Ser Trabajador Social me ha implicado renunciar con contundencia a toda imposición de lo que la gente quiere que yo sea. Cuando recién me gradué del colegio no dudé en inscribirme en la Universidad de Caldas al programa de Trabajo Social, además, renuncié a dos becas de 50% que me había ganado en dos universidades diferentes para estudiar ingeniería en sistemas e ingeniería biomédica.

La coordinadora del colegio me felicitó por mi elección, sin embargo, me advirtió que estudiar y ejercer Trabajo Social era difícil, pues implicaba comprender que no era una carrera con la cual se acaparará riqueza, pero que sí permitía vivir de manera digna sí yo ejercía con pasión. Sus palabras aún me acompañan. Así pues, en el año 2014 inicié las clases en la Universidad de Caldas, me movilizaban mil preguntas y unas ganas inmensas de conocer ese universo llamado Trabajo Social.

Cuando elegí ser Trabajador Social, también elegí ser una persona que escribiría su propia historia, negando las imposiciones de los demás. Acompañado de esta decisión elegí vivir mi diversidad conforme a mis pasiones y utopías.

Palabras de cierre

El Trabajo Social no es una profesión fácil de estudiar o ejercer, ya que tiene aún muchos retos por superar a nivel disciplinar, lo cual genera que las personas duden de su pertinencia social, pero, más allá de esas dudas, mi experiencia personal me ha hecho descubrir a un Trabajo Social potente con la capacidad de generar auténticos procesos de cambio o transformación social a nivel individual o colectivo.

Pero, como no soy amigo de romantizar las realidades, sé que hay mucha tela por cortar en la construcción de esta profesión-disciplina, que es un campo con mucho que descubrir y sobre todo mucho que apropiar, incluso de su propia historia, de ahí la importancia de que las y los profesionales del Trabajo Social nos escribamos, leamos, expongamos y exploremos más de cara a las realidades contextuales que el presente y futuro nos enseña. 

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